MILAGROS está situado en la generosa vega del Riaza y al borde de la autovía que une Madrid con Francia. Los orígenes de la Villa hay que situarlos a principios del segundo Milenio, en la primera mitad del siglo XI. La presencia de los reconquistadores y repobladores de este sector de la orilla izquierda del río Duero no comenzó a notarse hasta la segunda década del siglo X, hacia el año 920.

El Conde Fernán González que comenzó su gobernación en el año 930 impulsó la repoblación de milagros así como de  otros focos cercanos. Pero estos esfuerzos repobladores fueron severamente frenados por las autoridades moras de la España árabe, cuyo califa en persona dirigió la feroz campaña del año 939 que "arrancó toda apariencia de vida" en estas tierra, según los cronistas cordobeses.

El nacimiento de nuestra Villa fué modesto y sin pregón. Cuando Castilla cambiaba de modelo administrativo local, a mediados del siglo XI, alguien se fijó en el amplio espacio vacío existente entre Valdeherreros y Torregalindo y decidió una tímida colonización en la Vega del Riaza instalando una granja para ganado y un labrantío. La jurisdicción pertenecía, de momento a Valdeherreros.

La granja de MILAGROS o MILAGRO, se mantenía y a principios del siglo XII era poseída por el matrimonio formado por don García Díez de Pampliega y por doña María García. En el año 1130, traspasó su granja de MILAGROS al convento, entonces benedictino de San Pedro de Gumiél de Hizán.

La andadura de los monjes y de los vecinos de MILAGROS comenzó en 1130 y no cesó hasta 1835, por abuso de poder. Setecientos años de vecindad son un marco suficiente para la modelación de un carácter

Probablemente la granja de MILAGROS se convirtió en "priorato" de San Pedro de Gumiel, es decir, en un pequeño monasterio de tres monjes y algunos "conversos"; responsables de las tareas agrícolas y ganaderas. Junto a ellos hallaron trabajo y aposento otra familias con las que MILAGROS se configuró como una villa más de la Comunidad de Montejo. Así se prueba por documento del año 1178 en el que el Papa Alejandro III declara su protección sobre el monasterio de Gumiel y de sus iglesias y pertenencias, entre las que menciona la de MILAGROS

Otros propietarios de MILAGROS eran los Gómez de la Roda que en 1266 vendieron a los monjes cistercienses su hacienda, derechos y vasallos. La historia registra el paulatino crecimiento de MILAGROS, con la Edad Media acaba en realidad la administración de villa y tierra y un nuevo poder domina: El de los señoríos nobiliarios.
Aranda manifestó desde el siglo XIV pretensiones sobre MILAGROS, a las que se resistió al principio la Abadía de Gumiel de Hizán. Pero, en 1567, la misma dictó una escritura pública por la que se reconocía que MILAGROS pertenecia a la Villa de Aranda, de acuerdo con lo pactado entre los monjes cistercienses y los regidores arandinos. Así, pasó MILAGROS del régimen abadengo al de señorío villano.

La imagen que nos ha llegado de MILAGROS de 1842, pasadas las guerras de la independencia y la primera Carlista es muy halagüeña: La villa posee su Ayuntamiento y cuenta con 302 habitantes. Su caserío ofrece buen urbanismo con casas de dos pisos. La iglesia que acabaron de dejar los cistercienses, dedicada a la natividad de Nuestra Señora está bien servida. En la villa funciona una escuela con 50 niños/as
En 1900, MILAGROS presenta más que doblada su población: 750 habitantes. Luego vino la conmoción del fin del siglo XX y del segundo Milenio que tanto mudó la fisonomía agraria de España. Pero, MILAGROS no desfalleció y su porvenir está asegurado. Ahí siguen el hermoso puente y el viejo Camino convertido en autovía.

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